Antecedentes de BioCulturas
La identidad del espacio, situado en una antigua estructura fabril, está profundamente ligada a la transformación del entorno industrial a través de la cultura del hacer colectivo y la investigación interdisciplinaria. En este marco, el vínculo con la naturaleza, la ciencia y la performance formaron parte de las primeras experiencias de lo que hoy es BioCulturas, con diversas estrategias de ocupación espacial y estímulo multisensorial.
Entre los primeros acercamientos sistémicos se destaca, en el año 2013, el desarrollo del proyecto de Acuaponía Experimental liderado por James Dellemonico. Esta iniciativa introdujo una lógica de ecosistema artificial cerrado en el corazón del galpón, combinando la acuicultura con la hidroponía para ensayar ciclos vitales simbióticos dentro de un entorno urbano y tecnopoético. Poco después, en 2014, el espacio funcionó como plataforma para la iniciativa Buenos Aires Iniciativa Sustentable BAIS, un hito que impulsó institucional y colectivamente las discusiones en el sur de la ciudad sobre el rol del arte y el activismo en la disputa y reconversión sustentable del entorno habitado.
Hacia el período 2017-2018, una INSTALACIÓN-ARTE de RAMIRO ITURRIOZ, Microsistema. La obra propone cuestionar la Escala y la Temporalidad entre el espectador y el mundo natural en miniatura que lo rodea. A partir de la generación de una serie de habitáculos para diminutos organismos vivos, la observación se pone en juego para intentar ver más allá de lo que el ojo humano puede ver. Ésta representación se plasma en diversos formatos y soportes; ya sean diapositivas, rollos filmados en super8, con su respectivo proyector en loop, pantallas hd, televisores de tubo, o proyecciones digitales.
Recientemente, 2020 - 2024 el anclaje territorial en Planta alta logro la implementación en el Patio Sur de una huerta urbana experimental —un proyecto que integró la red de Puntos de Cultura— transformó este sector en un aula abierta de soberanía alimentaria. Este proceso se potenció con la realización del Mural de Nativas, una obra impulsada junto a la Autoridad de Cuenca Matanza Riachuelo ACUMAR que funciona como pieza de pedagogía ambiental al visibilizar la flora originaria de la región, conectando el hormigón urbano con su memoria eco-sistémica.
La oportunidad actual de generar 30 nuevos metros cuadrados verdes en cheLA no constituye un hecho aislado, sino la decantación natural de más de una década de ensayos espaciales. Hoy el espacio apuesta por consolidar su infraestructura de manera fija y permanente. Esta ampliación vegetal capitaliza el recorrido histórico del centro cultural, potenciando el uso de zonas subutilizadas y ofreciendo un nuevo paisaje al inmueble: un ecosistema vivo que optimiza la habitabilidad para sus residentes, estimula los sentidos y profundiza el lazo con la comunidad barrial.